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Aprendamos a fomentar una memoria de comportamiento valiente.

Ser valiente implica tomar decisiones más allá de los riesgos que estas conllevan, sin olvidar reaccionar, luchar y vencer ante los miedos individuales.

Debemos tener coraje, osadía y atrevimiento para enfrentarnos a las dificultades de la vida, lo que es el contrario de cobardía, pero siempre tomando riesgos calculados sin poner la vida en peligro y sin tomar riesgos innecesarios.

Enfrentarte a tus miedos, a tus limitaciones teniendo en cuenta tus valores con una actitud digna debería ser algo simple, pero, finalmente, se convierte en algo muy complejo cuando tenemos que atrevernos a actuar.

Al vivir injusticias a lo largo de nuestra vida, podemos perder esta valentía !

Si te pasa, párate y piensa cómo podrías reforzarla, encuentra buenas razones para reactivarla porque seguramente tu cerebro la habrá guardado en su memoria.

Me acuerdo de un niño de 14 años que acudió a mi consulta, a quien vamos a llamar Pablo

Pablo me dijo que se sentía cobarde cuando tenia que actuar frente a ciertas dificultades de su día a día y, que muchas veces no conseguía tomar decisiones, lo que le hacía sentirse cobarde. por su falta de valentía.

Le dije a Pablo, que no nacemos cobardes y le pregunté porqué tenía ese sentimiento. Me contestó que cuando era más pequeño, había vivido una situación muy difícil con la separación de sus padres, y que no había sabido enfrentarse a ella. Sus padres le habían preguntado con quién prefería vivir, papá o mamá.

En ese momento, Pablo se puso a llorar en la consulta, aun sufriendo de ese antiguo recuerdo, al no haber podido elegir. Después de calmarlo, le expliqué que había sido muy valiente de no tomar una decisión, ya que era una elección que acomodaba a sus padres y no a él. Por todo esto, hasta ahora, en varias situaciones donde debía tomar una decisión, Pablo se bloqueaba pensando que se iba a equivocar y eso le pesaba tanto, que le estaba perjudicando a su salud mental, emocional y física.

Es un ejemplo extremo, pero es importante volver a pensar en los momentos que no hemos podido actuar con valentía, y saber identificar si:
– ¿lo que hice fue por cobardía?
– ¿era suficientemente maduro para tomar dicha decisión?
La valentía también se adquiere con la edad. No podemos tomar ciertas decisiones y tener un cierto comportamiento, si nuestro cerebro no es suficientemente maduro, lo que se adquiere con la edad.
– ¿en ese momento estaba demasiado estresad@ y eso disminuía mis recursos? o ¿simplemente estaba cansad@, y lo que necesitaba era descansar y tomar distancia para tomar la decisión más adecuada?

Una vez hayas identificado correctamente y entendido la situación, vuelve a visualizarte en el mismo momento, pero con el comportamiento y la actitud que te gustaría tener. Así fomentarás en tu cerebro una memoria de comportamiento valiente.

«El cobarde” no sabe desafiar las dificultades o tomar decisiones por si mismo y muchas veces miente, tiene comportamientos arrogantes al estar en grupo o al contrario, huye si se está enfrentando solo a una dificultad.

“El valiente”, piensa, reflexiona y actúa desde sus valores con la calma y la serenidad.

Es una cuestión de Ego:
– el cobarde suele tener un ego negativo, que llamaré ego egocéntrico; yo primero, los otros después.
– el valiente está más en contacto de su ego positivo, el ego existencial. Respeta las diferentes opiniones, da la suya sin faltar el respeto, y a la hora de tomar la decisión tiene la virtud de actuar.

Y tu, ¿qué personas conoces que sean valientes?
¿Te consideras una persona valiente a la hora de tener que enfrentarte a momentos de miedo?
Siempre que compartimos es un acto de valentía, estamos mostrando buena intención; la intención de compartir y de aprender unos de los otros.

Ana Lombard

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